¿La salteña es el nuevo lujo?: La comida como nueva moda

Hablemos claro y sin vueltas: el lujo ya no te espera detrás de una vitrina con guardia serio. Te guiña desde una taza con espumita perfecta, te coquetea con un postre que brilla como anillo y te dice “subimeee” desde una bandeja que hace match con el pantone del mes. Las marcas de moda y joyas pillaron la jugada: la comida no es relleno, es su Uber directo a tu feed. ¿Querés entrar al club sin vender un riñón? Pedís un latte, te sentás en el rincón bonito, clic, story. Tenés la vibra del lujo, a precio (más) terrenal… por ahora.

Y ojo, que con la inflación pegando, hasta el almuerzo ya se siente lujo. La billetera llora en silencio y las marcas lo saben: convierten el bocado en experiencia “aspirable”. Un mini lujo comestible que podés pagar hoy, postear ya y recordar mañana. Así de fácil.

Ejemplos al toque: Tiffany armó el Blue Box Café para desayunar dentro del azul; paredes, vajilla, helado… todo grita Tiffany. Dior Café aparece en pop‑ups con su toile de Jouy: entrás por el capuccino, salís con el apellido en la cabeza. Prada Caffè te sienta en cuadriculado verde que susurra Prada desde el piso. Y si querés sarcasmo de diseñador, Balenciaga volvió clutch a una bolsa de snack: ni comestible era, pero todos nos tragamos el chiste. En joyas, Cartier te sirve croissants que compiten con la pantera, y Bulgari te tienta con chocolatitos talla‑gema. ¿Ves la línea? Nadie “vende comida”: te fabrican el antojo.

Funciona así: primero entra por los ojos, después por la nariz y al final por el oído —ese clinc de la cuchara, ese crack del caramelo— y pum, el ASMR te convence mejor que un vendedor. Color de marca del toldo a la servilleta, luz que plancha ojeras, vajilla con peso y un perfumito a vainilla o madera que dice “acá está bien”. Antes del primer sorbo ya estás adentro. Subís la foto y la marca habla sola: “yo estuve ahí”. Ese “ahí” es el producto invisible que acabás de pagar.

Traigamos la escena a Santa Cruz. No copiemos glamour europeo: traduzcámoslo. Nuestra diva es la salteña. No se hace la macaron; se hace la importante porque puede. Brillo de caldo, repulgue marcadito y ese bailadito para que no chorree (tutorial nacional). Es cine en miniatura, perfecto para cámara. Si alrededor le ponés coherencia —un color que se repite en caja, servilleta y taza; tipografía con carácter pero sin grito; un filete delgado que ordene— la salteña deja de ser “empanadita” y se vuelve ícono patrio versión carry‑on.

Imaginá un “Blue Box” camba, pero con verde monte o terracota chiquitano como color firma. Un flight de mini salteñas con tres historias cortitas (ají de tal zona, masa de tal horno, receta de la nona) servido con la paciencia de restaurante fino. Caja numerada con calma gráfica tipo Prada (guiño local a mosaicos de vereda), neón con humor a lo Dior pero en clave camba (“bailala bien, pe”) y, por qué no, un clutch‑broma al estilo Balenciaga: bolsa de llajua premium para llevar la cajita. Irreverente sí, pero con precisión.

¿Carísimo? Depende. Lo caro no siempre es el material, es decidir. Un solo color y casarte con él. Una tipografía que no envejezca en tres meses. Una caja que cierre clac y te dé satisfacción. Elegir la esquina donde la luz hace magia todas las tardes. Elegir qué no vas a poner. Esa edición —quitar ruido, sumar gesto— es lujo puro, aunque el papel sea craft y te manches un poco de llajua.

La publicidad de lujo con comida pega porque mezcla sentidos con ego. Te da un escenario chico para actuar tu versión más linda sin comprar la pieza de cuatro ceros. Y sí, con precios subiendo, el “gustito” se siente lujo: más razón para que el bocado venga con historia, foto y momento. Te vas con sabor en la boca, foto lista para presumir y —no te hagás— la caja guardada “porque está linda”. Y ahí, quietita, la marca sigue hablando. Por eso, sin nariz parada, la salteña puede jugar en liga de lujo: cabe en la mano, huele a casa, se presta a la escena y convierte un martes cualquiera en mini celebración posteable. Con inflación y todo.

Author

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *