Mujeres que rompen el odio en el fútbol

Las periodistas deportivas enfrentan machismo y odio en redes, pero con profesionalismo están cambiando el fútbol, demostrando que su voz también tiene lugar en el deporte.

La voz que incomoda

El fútbol siempre ha sido un espectáculo de emociones, pasión y opiniones. Pero detrás de esa energía colectiva hay un terreno hostil que muchas veces pasa desapercibido: el odio que enfrentan las periodistas cuando se atreven a opinar o comentar un partido.

Se ve en la periodista Lola del Carril, periodista de ESPN, quien fue blanco de cientos de comentarios agresivos por parte de los fanáticos. Muchos la cuestionaron por no narrar los goles con la misma pasión o intensidad que suelen mostrar los relatores hombres, utilizando esa diferencia de estilo como motivo para descalificar su trabajo y poner en duda su capacidad profesional.

Cuando opinar se convierte en pecado

No se trata de críticas técnicas o debates futbolísticos. El problema es más profundo: muchas de las reacciones que reciben estas mujeres no se centran en su desempeño, sino en su género.
Cuando un comentarista hombre se equivoca, la gente lo discute y pasa página; cuando una mujer lo hace, se convierte en motivo de burla, memes o ataques personales.

Los comentarios van desde el clásico “no sabe de fútbol” hasta frases más violentas como “que se dedique a otra cosa” o “el fútbol no es para mujeres”.
Y lo más preocupante es que buena parte de ese hate viene de sectores que consumen fútbol todos los días, pero que todavía no logran aceptar que la pasión por el deporte no tiene género.

El doble esfuerzo de ser escuchada

Ser mujer y periodista deportiva implica jugar dos partidos al mismo tiempo: uno en la pantalla y otro en las redes sociales.
Mientras analizan tácticas o relatan jugadas, deben también enfrentarse a una avalancha de opiniones machistas que cuestionan su autoridad, su tono de voz o incluso su aspecto físico

Carla Saucedo lo ha vivido en carne propia. En transmisiones de la liga boliviana, muchos espectadores comentan que “su relato es aburrido”, sin reparar en que su estilo es tan profesional como el de cualquier colega varón.
Lola del Carril, por su parte, recibió una ola de insultos luego de comentar un partido de la Selección Argentina, simplemente por dar una lectura diferente del juego.
Ambas tienen algo en común: están ocupando espacios donde antes nadie imaginaba una voz femenina.

Pese a las críticas, estas mujeres no se callan. Siguen en pie, demostrando que el conocimiento, la pasión y la preparación no tienen género. Cada partido que relatan es una forma de resistencia, una declaración de que el micrófono también les pertenece.

Una batalla más allá del estadio

El machismo que se ve en redes no es un hecho aislado. Es el reflejo de una cultura futbolera que durante años se construyó sobre la exclusión. Las canchas, los vestuarios, las transmisiones y los paneles deportivos fueron diseñados para voces masculinas. Pero el cambio ya está ocurriendo.

Las plataformas digitales y las nuevas audiencias están impulsando una transformación silenciosa. Cada vez más personas reconocen el valor de las periodistas deportivas y defienden su presencia en los medios. Los usuarios más jóvenes, en particular, tienden a valorar más el contenido, la claridad y el análisis, antes que el género de quien lo emite.

Y es que el fútbol también se ve distinto cuando lo cuentan ellas. Su enfoque no se limita al resultado o la polémica; muchas veces profundizan en aspectos tácticos, humanos y sociales del juego que los relatos tradicionales suelen dejar de lado. Esa mirada diferente no resta emoción: suma perspectiva.

La cultura del fútbol también debe evolucionar

El problema no está en ellas, sino en la cultura que todavía rodea al fútbol.
Durante décadas, los medios deportivos se construyeron bajo una mirada masculina, donde la voz del hombre representaba autoridad y la de la mujer era “extraña” o “fuera de contexto”.
Pero el público está cambiando: cada vez hay más mujeres que miran, entienden y aman el fútbol. Entonces, ¿por qué no deberían contarlo ellas también?

El periodismo deportivo necesita diversidad.
Una mujer que comenta no le quita espacio a un hombre; le agrega una nueva perspectiva al juego. Le da otra emoción, otra lectura, otra sensibilidad. Y eso enriquece el relato, no lo empobrece.

El hate en redes sociales dice más de quien lo escribe que de quien lo recibe.
Las mujeres periodistas deportivas no necesitan demostrar que saben de fútbol: ya lo están haciendo, partido a partido, con profesionalismo y pasión, enfrentando cada crítica sin perder la voz ni la convicción.

El cambio no será inmediato, pero cada voz femenina que se mantiene firme inspira a otras a animarse. No se trata solo de ocupar un espacio, sino de transformarlo, de demostrar que el fútbol puede contarse desde muchas miradas y que todas son válidas cuando hay pasión y conocimiento.

El futuro del periodismo deportivo será más rico y diverso si aprendemos a escuchar sin prejuicios. Porque el fútbol no necesita más voces iguales, necesita más voces auténticas, sin importar de quién sean.

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