Entre amarte y amarme

Inspirado en el artículo de Vogue “Tener novio es embarazoso”, este articulo no busca juzgar el amor, sino entender por qué lo verdaderamente incómodo no es el amor, sino la pérdida de nuestra propia esencia dentro de él

En internet todos tuvieron una opinión cuando Vogue publicó “Tener novio es embarazoso”. Unos se ofendieron, otros se rieron, pero las chicas en sus 20 entendimos algo más profundo: no se trataba de tener novio, sino de perderte en el intento.
Porque a veces, amar puede ser tan absorbente que te olvidas de que antes de nosotros, existía un yo.

Crecimos en una generación donde el amor se analiza, se compara y se mide con likes. Donde todo el mundo opina sobre lo que deberías sentir o cómo deberías actuar. En redes vemos dos mundos paralelos: las chicas que viven un amor que las construye, y las que eligen su independencia como bandera. Y entre esos dos extremos, estamos las demás: las que todavía intentamos entender cómo amarnos sin dejar de amar a alguien más.

Amar en los veintes es un juego de equilibrio. Queremos tenerlo todo: independencia, pasión, crecimiento, compañía. Queremos construir algo, pero también seguir descubriéndonos. Y eso está bien. Porque el amor cuando es sano no debería restar, debería sumar.

Vogue tenía razón en algo: sí es embarazoso perderte por amor. Es incómodo verte haciendo cosas que antes te parecían ajenas solo por miedo a incomodar. Es triste apagar tus propios sueños para que los del otro brillen más. Pero también hay otra cara, una más esperanzadora: la de las relaciones que te impulsan, las que te celebran, las que te hacen sentir que puedes ser tú incluso cuando estás acompañada.

Porque sí, hay chicos allá afuera que no te opacan, te potencian. Que no te cambian, te admiran. Que te empujan a ver lo increíble que eres incluso cuando tú no puedes hacerlo. Ellos también existen. Y merecen tener su lugar en esta conversación.

Entonces, ¿tener novio es embarazoso?
Solo si tenerlo significa dejar de verte.
Solo si tu historia se vuelve más sobre él que sobre ustedes.

Amar no debería ser un sacrificio de identidad. Amar es elegir todos los días seguir siendo tú, incluso mientras tomas la mano de alguien más. Porque cuando el amor es compartido con propósito, con energía y con respeto, no da vergüenza: inspira.

Amar en los veintes es eso: entender que no hay un solo camino. Que se puede ser libre y estar acompañada, crecer sola y también crecer con alguien. Que puedes amarte y amar al mismo tiempo, y que eso no te hace contradictoria, te hace humana.

Y aquí es donde la música se convierte en una compañera que nos entiende. Olivia Dean, con su nuevo disco, parece hablarnos directamente desde esa mezcla de emociones que sentimos al amar y al descubrirnos. Sus letras no son solo historias de amor, son confesiones sobre cómo mantener tu voz, tu ritmo y tu espacio en medio de la relación. Canciones como “Nice to Each Other” y “Man I Need” nos recuerdan que pedir lo que mereces, cuidarte, poner límites y decir lo que sientes no es egoísmo, sino la base de cualquier vínculo sano. No se trata de exigir perfección del otro, sino de reconocer que también tú mereces ser escuchada, admirada y celebrada.

Porque amar no debería ser renunciar a tus rarezas, a tus proyectos, a tus momentos contigo misma. Amar no es desaparecer en alguien más; amar es crecer juntos sin perder la mirada propia. Y eso, en los veintes, se siente más urgente y necesario que nunca. Estamos aprendiendo todavía quiénes somos, cuáles son nuestras prioridades, qué sueños no queremos sacrificar y qué tipos de compañía nos elevan en lugar de limitarnos. Amar y amarte al mismo tiempo no es un dilema: es un acto de valentía, de cuidado y de autenticidad. Es la forma más honesta de relacionarte con los demás y contigo misma.

El artículo de Vogue solo puso en palabras lo que muchas sentimos: que a veces nos incomoda lo que se espera de nosotras en el amor. Nos enseñaron que deberíamos adaptarnos, acomodarnos, ser siempre conciliadoras. Pero vivir así es agotador, y con el tiempo nos damos cuenta de que lo verdaderamente incómodo no es amar, sino perder tu esencia. Y reconocerlo es un acto revolucionario. Es permitirnos decir: “sí, puedo amar, pero no a costa de mí misma”.

Amar en los veintes es entonces una práctica diaria de equilibrio. Es elegir con intención, es saber cuándo decir sí y cuándo decir no, es confiar en que la persona que camina a tu lado no debería oscurecer tu luz sino reflejarla. Es encontrar a alguien que baile contigo tus días buenos y tus días complicados, que te admire incluso cuando dudas de ti misma, que te haga reír, que te impulse y que te respete. Es un recordatorio de que las relaciones no son un castigo ni un escenario donde perderse, sino un espacio donde crecer juntas, compartiendo, explorando y celebrando la vida tal como es: rara, compleja, hermosa.

Así que no da vergüenza tener novio, tener pareja, tener alguien que te acompañe. Da vergüenza perderse a una misma. Y mientras aprendes a amar y a amarte, recuerda que cada paso cuenta, cada elección consciente importa, y que la verdadera revolución del amor está en no sacrificar quién eres por nadie. Amar y amarte, coexistiendo, aprendiendo, celebrando tus veintes con todo lo que traen: rareza, confusión, descubrimiento y alegría. Eso es lo que inspira, eso es lo que vale la pena vivir.

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